miércoles, 27 de mayo de 2009

Refutación del Pecado Original

Por Rodolfo Braceli
Del libro De fútbol somos

A la fruta primordial, ¿la mordieron?
Realmente, a la famosa manzana, ¿Adán con Eva le hincaron los dientes?
Y si esto, tan aceptado, ¿no fuera así?
Y si esto, tan por milenios acatado, ¿fuera un error ecuménico debido a una falta de rigor y/o a la sumisión de teólogos e historiadores?
Mi carencia de pruebas de lo que realmente sucedió en ese sitio- no sé por quién denominado Paraíso-, no es mayor que la abundante ausencia de pruebas de los que convalidan el Pecado Original como pecado.
Es tiempo de desmontar ese secular malentendido porque:
- Uno: No le parece al autor de este relato que exista pecado en el Pecado Original. En realidad, no hay pecado en ningún pecado. Porque los pecados suponen goce. Y los goces son la única magra compensación a la absurdidad que denominamos Vida.
-Dos: ¿Qué pecado puede haber en una virtud?, ¿no es acaso una virtud ser original?
- Tres: Si, por los siglos de los siglos, hubo derecho a creer que Adán con Eva efectivamente mordieron la manzana prohibida, ¿por qué no va a haber también derecho a suponer que no, que no le hincaron el diente?
Si, como decimos, Adán con Eva no le hincaron el diente a la preciosa manzana, entonces, no hubo Pecado Original.
Dicho de otra manera: Aun aceptando la tramposa teoría de que pecar sea pecado, hemos atravesado los tiempos convencidos de haber cometido un pecado que no cometimos. Ergo: somos exiliados del error. Y por error.
Ahora bien: si en verdad ellos no mordieron la fruta, ¿qué pasó aquella vez con esta pareja intensa y ociosa? ¿Qué hicieron, realmente?
Enterémonos por fin: pasó esto: Por empezar, a ningún árbol le agrada ser decorativo, inocuo. Aquel árbol, como todo árbol que se precie, le ofreció su fruto a un espléndido cuerpo que por allí andaba. Eva, el espléndido cuerpo, tomó la manzana. Adán la vio redondita, a la manzana. Esperáaa, no te la comas. Pasámela- le dijo. Eva, magnífica compañera, accedió. Acto seguido, Adán, obedeciendo el mandato de unos genes imperiosos, no tomó la manzana con la mano: la dejó caer y rodar y desde allí la alzó apenas con la puntita de su pie izquierdo- era zurdo el muchacho-, la subió a la manzana a su empeine y empezó a darle levísimos y cadenciosos golpecitos... tac... tac... tac... tac... ¡grande Adán!... tac... tac... tac... tac... Con el último tac la elevó un par de metros, se perfiló, y al caer, con la parte interna del pie la empalmó en un ángulo del cosmos, a la manzana.
Eso pasó. Y ninguna otra cosa.
Adán y Eva no eran unos santos. Pero eran inocentes.
Que no hubo Pecado Original. Que no. Entonces, desandemos el exilio, de una vez. Y volvamos al Paraíso. Al único. A éste. Al terrenal.
Posdata
Pero en esta teoría hay algo que no cierra: ¿Por qué Eva y Adán fueron expulsados de aquel Paraíso?
Sencillo, retomemos: Adán “se perfiló, y al caer, con la parte interna del pie la empalmó en un ángulo del cosmos, a la manzana...”
Puta casualidad: en ese ángulo estaba justamente, haciendo Nada, don Dios. La manzana le dio exacto en el medio de la jeta. Desenvainó su dedo rotundo Dios, y dijo: Los dos, ¡fuera de aquí!
Ni Adán ni Eva intentaron clemencia: no había vuelta que darle.
Calladitos, se fueron yendo sin demasiada tristeza.
Mujer, previsora, arrancó otra manzana y se la dio a Hombre. Como estaba en pelotas, sin bolsillo posible, Adán se trajo a la manzana como atadita al pie; al izquierdo, naturalmente.

(Que no, que no, que la expulsión no fue por morderla, a la Manzana).

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