miércoles, 30 de junio de 2010
sábado, 26 de junio de 2010
viernes, 25 de junio de 2010
Para ver!
Para variar un poco, y salir del un rato del futbol, dejo una pali para ver online. Carancho, la nueva pelicula de Trapero.
jueves, 24 de junio de 2010
Prmoesa Nº 45
El extraño sueño de Lionel
Messi declaró que si Argentina sale campeón del Mundo, quiere que Oasis se reúna y actúe en los festejos.
Messi quiere que Oasis se reúna si Argentina gana la Copa.
Messi declaró que en caso de que Argentina salga campeón del mundo en Sudáfrica, le gustaría que Oasis se reúna y ofrezca un show en los festejos por la copa. Sí, la banda de los hermanos Gallagher.La noticia fue publicada por el tabloide británico The Sun, que además detalla que Messi conoció al grupo inglés a instancias de Carlos Tévez. "Desde que juega en Manchester, Carlitos me habló de lo fabuloso que era Oasis. Yo le prometía que iba a escucharlos, pero nunca lo hacía", aseguró Messi."En el avión hacia Sudáfrica, Carlitos me hizo escuchar sus dos primeros discos. Tengo que admitir que no tenía muchas expectativas, pero es de lo mejor que he escuchado. Son espectaculares. Sus canciones son increíbles", agregó después el crack argentino."Vi sus shows en vivo por YouTube y era asombroso para verlos en un concierto. Le pregunté a Carlitos si podríamos irlos a ver en Manchester o Londres, pero el me contó que se habían separado", dijo luego."Más tarde le mostré la banda al resto de los muchachos argentinos y a todos les encantó. Algunos pocos los conocían y la mayoría los escuchó por primera vez. Pero coincidimos en que si llegamos a ganar la copa, queremos que vengan a Argentina para una fiesta de celebración. Sólo necesitamos que pongan el precio", concluyó Messi.¿Qué dirán Noel y Liam al respecto? La Voz -22.06.2010
Messi declaró que si Argentina sale campeón del Mundo, quiere que Oasis se reúna y actúe en los festejos.
Messi quiere que Oasis se reúna si Argentina gana la Copa.
Messi declaró que en caso de que Argentina salga campeón del mundo en Sudáfrica, le gustaría que Oasis se reúna y ofrezca un show en los festejos por la copa. Sí, la banda de los hermanos Gallagher.La noticia fue publicada por el tabloide británico The Sun, que además detalla que Messi conoció al grupo inglés a instancias de Carlos Tévez. "Desde que juega en Manchester, Carlitos me habló de lo fabuloso que era Oasis. Yo le prometía que iba a escucharlos, pero nunca lo hacía", aseguró Messi."En el avión hacia Sudáfrica, Carlitos me hizo escuchar sus dos primeros discos. Tengo que admitir que no tenía muchas expectativas, pero es de lo mejor que he escuchado. Son espectaculares. Sus canciones son increíbles", agregó después el crack argentino."Vi sus shows en vivo por YouTube y era asombroso para verlos en un concierto. Le pregunté a Carlitos si podríamos irlos a ver en Manchester o Londres, pero el me contó que se habían separado", dijo luego."Más tarde le mostré la banda al resto de los muchachos argentinos y a todos les encantó. Algunos pocos los conocían y la mayoría los escuchó por primera vez. Pero coincidimos en que si llegamos a ganar la copa, queremos que vengan a Argentina para una fiesta de celebración. Sólo necesitamos que pongan el precio", concluyó Messi.¿Qué dirán Noel y Liam al respecto? La Voz -22.06.2010
jueves, 17 de junio de 2010
martes, 15 de junio de 2010
sábado, 12 de junio de 2010
viernes, 11 de junio de 2010
Que se la chupen
Por Tomás Barceló Cuesta
Hay un Maradona –un Diego Armando Maradona esencial-, que los medios nunca respetaron. O respetaron poco.
La leyenda es conocida: un pibe morocho, surgido de una zona pobre, marginal, que sus piernas, rapidez y reflejos, más un sentido espiritual de colectivo, lo llevaron a integrar la selección argentina de fútbol. A partir de ahí todo fue gloria: el mundial juvenil del 79, después el 86, la mano de Dios y la victoria frente al equipo de la imperial Inglaterra. Maradona fue elevado a rango de dios. Subliminal mensaje: hay hasta una aproximación fonética entre Diez, Diego y Dios. Algo así como una trinidad futbolera.
El Pelusa siguió siendo gloria cuando transitó durante años, retirado ya de las canchas, gordo y abotargado, por los alucinantes pasadizos de la droga. Era tan sólo un dios abatido. Y siguió siendo gloria cuando, en más de una ocasión, mantuvo en vilo al país, al mundo entero, mientras gambeteando defendía la pelota de su vida ante ese rival implacable que es la muerte. De haber fallecido, hoy fuera un muerto tan grande como el Che. Y, oh azares de la vida, algo casi olvidado: ambos son argentinos. Esto último no lo digo por la nacionalidad común gracias al azar geográfico –dato irrelevante-, sino por la cualidad de lo argénteo.
Maradona no es ningún dios, pero jugó como si lo fuera. Y tampoco quizás haya sido el mejor jugador del mundo (aunque yo me lo crea y el mundo también). Pero los medios, la publicidad y el dinero, tienen el poder ilimitado de convertir la mierda en oro y a un hombre común y mortal en cualquier cosa. Además de despojar al fútbol –como lo han hecho- de su condición elemental de pura diversión, y elevarlo hasta el paroxismo en un gran negocio de rentabilidades y cifras gananciales, en el que los jugadores y el juego son la mercancía.
Maradona sirvió para tales propósitos mientras paseaba por las canchas del mundo ese juego de potrero, de pibe menudo, cuyo sueño perentorio es anotar un gol. Maradona después no sólo siguió anotando goles, sino que también los fabricaba, llevando la pelota hasta límites imposibles, ante las narices del arquero contrario y en tan sólo un fugaz segundo, anidarla en los pies de algún cercano compañero de equipo para que éste hiciera también lo suyo. Ningún otro jugador lo ha logrado como él. Ya retirado, el brillo que le quedaba siguió sirviendo para alimentar el cotilleo de los medios de comunicación: aún había jugo en ese dios.
Todo le fue permitido. Incluso echarse ahora sobre sus hombros, la carga de la dirección de la selección argentina. Pero nunca perder. Si pierdes te convertimos en mierda. No lo olvides, eh Dieguito: el mundo está diseñado para los ganadores.
Argentina, país de pérdidas y derrotas constantes, no sabe perder. De ahí el tango, arte musical del lamento –elevado recientemente por la UNESCO a patrimonio cultural mundial-, más el psicoanálisis, terapia conversacional, intrincada, siempre tras la búsqueda de algo que no se sabe qué.
Maradona, más que nada y por encima incluso de los medios, ha sido y es dios de sí mismo. Dios de su propia condición esencial por la cercanía con aquellos que siendo lo que él fue, alguna vez soñaron ser lo que es: un desclasado que logró romper con la miseria que otros le impusieron. Recurrente arquetipo del héroe en la cultura masificada capitalista: al final, en el fútbol, el sueño del pibe no es hacer goles, sino ganar millones: cuanto más, mejor. Un argentino más allá del tango y la terapia. Nunca como antes pareció volver a esa esencia suya, tan argentina –lo digo de nuevo por lo argénteo- cuando después de ganarle a Uruguay, le arrostró a los periodistas –empleados de primera línea del poder mediático- que él, junto al equipo y a los argentinos que lo siguieron, sin la ayuda de los medios, y contrario a lo que pensaban días antes esos mismos periodistas que tenía al frente, habían logrado la victoria, y con ello su pase al mundial.
“Que me la chupen”, dijo entonces. Y lo dijo más de una vez. Los medios y el provincianismo pacato, tan argentino –lo digo ahora por Argentina- tendrán para unos cuantos días. Ya no es un dios. Es un mal director técnico, diciendo groserías, ofendiendo a los empleados del poder mediático. Horror.
Cuando uno de esos empleados le preguntó si se sintió presionado, Maradona respondió lo más importante que pudo haber dicho en toda la conferencia de prensa: “Presionado es un hombre que se levanta a las 5 de la mañana sin saber cómo será su día. Yo me siento con la responsabilidad del equipo”.
Respuesta intrascendente para los medios. Hablar de desclasados no es rentable. Tan sólo vale la pena cuando –salido de su entorno marginal- algún pibe, como Maradona, comienza a convertir su sueño en dinero propio. Dinero para los empresarios del fútbol. Y dinero, voz y ganancia para el poder mediático.
Puertas adentro, en más de una conversación oligarca de sobremesa, no faltará la frase conocida: Quién se cree que es ese negro de mierda.
Que se la chupen entonces.
Hay un Maradona –un Diego Armando Maradona esencial-, que los medios nunca respetaron. O respetaron poco.
La leyenda es conocida: un pibe morocho, surgido de una zona pobre, marginal, que sus piernas, rapidez y reflejos, más un sentido espiritual de colectivo, lo llevaron a integrar la selección argentina de fútbol. A partir de ahí todo fue gloria: el mundial juvenil del 79, después el 86, la mano de Dios y la victoria frente al equipo de la imperial Inglaterra. Maradona fue elevado a rango de dios. Subliminal mensaje: hay hasta una aproximación fonética entre Diez, Diego y Dios. Algo así como una trinidad futbolera.
El Pelusa siguió siendo gloria cuando transitó durante años, retirado ya de las canchas, gordo y abotargado, por los alucinantes pasadizos de la droga. Era tan sólo un dios abatido. Y siguió siendo gloria cuando, en más de una ocasión, mantuvo en vilo al país, al mundo entero, mientras gambeteando defendía la pelota de su vida ante ese rival implacable que es la muerte. De haber fallecido, hoy fuera un muerto tan grande como el Che. Y, oh azares de la vida, algo casi olvidado: ambos son argentinos. Esto último no lo digo por la nacionalidad común gracias al azar geográfico –dato irrelevante-, sino por la cualidad de lo argénteo.
Maradona no es ningún dios, pero jugó como si lo fuera. Y tampoco quizás haya sido el mejor jugador del mundo (aunque yo me lo crea y el mundo también). Pero los medios, la publicidad y el dinero, tienen el poder ilimitado de convertir la mierda en oro y a un hombre común y mortal en cualquier cosa. Además de despojar al fútbol –como lo han hecho- de su condición elemental de pura diversión, y elevarlo hasta el paroxismo en un gran negocio de rentabilidades y cifras gananciales, en el que los jugadores y el juego son la mercancía.
Maradona sirvió para tales propósitos mientras paseaba por las canchas del mundo ese juego de potrero, de pibe menudo, cuyo sueño perentorio es anotar un gol. Maradona después no sólo siguió anotando goles, sino que también los fabricaba, llevando la pelota hasta límites imposibles, ante las narices del arquero contrario y en tan sólo un fugaz segundo, anidarla en los pies de algún cercano compañero de equipo para que éste hiciera también lo suyo. Ningún otro jugador lo ha logrado como él. Ya retirado, el brillo que le quedaba siguió sirviendo para alimentar el cotilleo de los medios de comunicación: aún había jugo en ese dios.
Todo le fue permitido. Incluso echarse ahora sobre sus hombros, la carga de la dirección de la selección argentina. Pero nunca perder. Si pierdes te convertimos en mierda. No lo olvides, eh Dieguito: el mundo está diseñado para los ganadores.
Argentina, país de pérdidas y derrotas constantes, no sabe perder. De ahí el tango, arte musical del lamento –elevado recientemente por la UNESCO a patrimonio cultural mundial-, más el psicoanálisis, terapia conversacional, intrincada, siempre tras la búsqueda de algo que no se sabe qué.
Maradona, más que nada y por encima incluso de los medios, ha sido y es dios de sí mismo. Dios de su propia condición esencial por la cercanía con aquellos que siendo lo que él fue, alguna vez soñaron ser lo que es: un desclasado que logró romper con la miseria que otros le impusieron. Recurrente arquetipo del héroe en la cultura masificada capitalista: al final, en el fútbol, el sueño del pibe no es hacer goles, sino ganar millones: cuanto más, mejor. Un argentino más allá del tango y la terapia. Nunca como antes pareció volver a esa esencia suya, tan argentina –lo digo de nuevo por lo argénteo- cuando después de ganarle a Uruguay, le arrostró a los periodistas –empleados de primera línea del poder mediático- que él, junto al equipo y a los argentinos que lo siguieron, sin la ayuda de los medios, y contrario a lo que pensaban días antes esos mismos periodistas que tenía al frente, habían logrado la victoria, y con ello su pase al mundial.
“Que me la chupen”, dijo entonces. Y lo dijo más de una vez. Los medios y el provincianismo pacato, tan argentino –lo digo ahora por Argentina- tendrán para unos cuantos días. Ya no es un dios. Es un mal director técnico, diciendo groserías, ofendiendo a los empleados del poder mediático. Horror.
Cuando uno de esos empleados le preguntó si se sintió presionado, Maradona respondió lo más importante que pudo haber dicho en toda la conferencia de prensa: “Presionado es un hombre que se levanta a las 5 de la mañana sin saber cómo será su día. Yo me siento con la responsabilidad del equipo”.
Respuesta intrascendente para los medios. Hablar de desclasados no es rentable. Tan sólo vale la pena cuando –salido de su entorno marginal- algún pibe, como Maradona, comienza a convertir su sueño en dinero propio. Dinero para los empresarios del fútbol. Y dinero, voz y ganancia para el poder mediático.
Puertas adentro, en más de una conversación oligarca de sobremesa, no faltará la frase conocida: Quién se cree que es ese negro de mierda.
Que se la chupen entonces.
martes, 8 de junio de 2010
viernes, 4 de junio de 2010
Estreno: Mundial 2010

Todos los mundiales traen consigo una novedad. Este caso se da a través de la autorización de la FIFA, que permite por primera vez, despues del Mundial del 78, a que se puedan transmitir los partidos en los cines. Por el momento ya son 10 las salas que gozan de dicho permiso. Esperemos que en Córdoba se habilite alguna.
Si todavia no organizaste un asado, o si no sabes en la casa de quien juntarte, ya no hay mas excusas. Buscate un dos por uno del cine más cercano y miralo en HD.
martes, 1 de junio de 2010
MARADONA: LA MANO DE D10S (2007)
La Mano de Dios presenta una biografía fidedigna de Diego Armando Maradona y dado que recorre su trayectoria desde su niñez hasta la edad adulta, ha necesitado de tres actores argentinos para interpretarlo.
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